jueves, 14 de abril de 2011

El amor antes de las redes sociales

Por @carolita_rock
(editado)




Recuerdo que hasta hace poco, alguien que había sido tu pareja y terminabas, podía desaparecer de la faz de la tierra durante mucho tiempo, y encontrarse con él o ella en el supermercado o comprando cigarros, e incluso en algún bar podía ser todo un milagro. Saber de su vida después de finiquitados o enterarse con quién anda o si la polola es más regia que tú no era tan simple, tenías que chantajear a algún amigo en común para tener esa información, pero hoy es cosa de poner el nombre del “finado” en facebook o google y voilá! Aparece todo.

Si alguien te gustaba, había que hacer maravillas para enterarse de su vida, qué le gusta o dónde carreteaba y si se especulaba que andaba con alguien había que comprobarlo en vivo y en directo viéndolo con ésa persona, para verificar la información, cómo olvidar cuándo era universitaria y hacíamos verdaderas operaciones de “inteligencia” para seguir a algún tipo que nos gustaba, más de alguna vez hicimos guardia (con cocaví y todo) dentro de un auto camufladas  para ver directamente la ventana del departamento del chico que le gustaba a ella, controlando su hora de salida. Yo sé que suena obsesivo pero es que ¡no se imaginan el churrazo que era! Valía la pena.

Camino a la universidad en micro durante tantos años de estudio, solía ver en el mismo paradero y a la misma hora a un tipazo tan guapo, que cada vez que lo veía me daban ganas de bajarme ahí mismo sólo para estar parada a su lado, aunque me quedaran 10 kilómetros aún para llegar a clases y por bajarme perdiera el "boleto" en ese tiempo. Durante meses pasé por ahí y en muy pocas oportunidades ese churrazo se subía a la misma micro donde yo venía, y cuando eso pasaba, no respiraba durante varios paraderos de puro emocionada, era absolutamente perfecto, alto, rubio (se decoloraba el pelo) de ojos azules, fabuloso físico y espectacular facha…todos esos minutos para mí eran mágicos. Traté hacer de todo para que levantara sus ojitos y me viera, si alguna vez lo hizo tiene que haber pensado que yo tenía alguna enfermedad terminal, porque siempre era `porque yo tosía, estornudaba o carraspeaba, cualquier cosa servía.

Hasta que un día, por esas cosas del destino me atreví. Alentada por mis amigas y teniendo en mi agenda anotado todo el horario, recorridos y rutas que hacía éste chico durante un año (del cual jamás supe el nombre) me acerqué a preguntarle algo y ¡santo cielo! Me miró, con los ojos más lindos que había visto en mi vida y antes de que pudiera hablar algo, el maldito micrero se pegó una frenada que avancé tres metros de rodillas frente a él y para mi mala suerte, se paró para ayudarme y cuando me tiene tomada del brazo, se abre mi mochila y se me cayó la agenda de Sailor Moon, el estuche de Hello Kitty y el CD (pirateado) de Supernova, además de lápices y no sé cuánta idiotez más, por lo que me dio una vergüenza tal que agarré mi agenda y me tiré un piquero para abajo de la micro, dejando todo atrás…dignidad, vergüenza, varios lápices, mi cuaderno y la posibilidad de conocerlo.

Otra cosa era cuando no tenías ganas de salir, pero tus amigas iban a bailar, nunca faltó la vez que me sonó el celular o me llegó algún mensaje diciendo que había llegado el que te gustaba y qué venía con una “yegua”. Qué manera de arreglarme rápido para salir a recuperar terreno, no sé cómo no llegué nunca con pantuflas.

Aunque hoy la tecnología tiene sus beneficios y permite “espiar” o poder adelantar los hechos para saber dónde irá o con quién estará, usando las redes sociales o revisando su Foursquare, siento que la magia de la sorpresa, del misterio, de no saber ciertas cosas de la vida del otro mantenía una sensación rica de conocimiento y de esfuerzo por descifrar a la otra persona que le daba un gusto a conquista rico, ahora es cosa de leer la información que entrega en Facebook y lo que es peor, puedes ver en fotos hasta a las ex parejas y las fiestas con los amigotes.

¿No les ha pasado que miras a los amigos y ves por las fotos que no tienen cara de que les vayas a caer bien, o que verlo en tantos carretes curao y abrazado de muchas mujeres no es algo que te agrade mucho?
No me puedo quejar tanto, sería injusta porque he aprovechado al máximo la investigación “internetística” cuando me gusta o interesa alguien, pero extraño la magia, extraño el llamado por teléfono de hoooooras a la casa, para contarnos cómo estuvo la semana, extraño el regalo sorpresa ¿el dónde estará? y ¿cómo estará? las flores, los papelitos con mensajes, extraño que tuvieran que hacer muchas cosas para verme o encontrarme en algún lugar y quedar con cara de sorpresa de ¿cómo supo que estaría aquí? Extraño cuando mis amigas me contaban que las habían llamado para sacar información de ti y sobre todo, extraño extrañar, se perdió todo eso…hoy a un solo click puedo saber hasta “que está pensando”.

Qué vuelva la conquista, la cosa sorpresiva y mágica, que vuelvan las conversaciones para conocernos, cambiaría 100% una carita feliz del facebook por verla en vivo y en directo!!
He dicho!