martes, 12 de abril de 2011

Ni de Venus, Ni Cabronas

Por @carolita_rock
(editado)


Dentro de lo feminista que es hablar de temas de mujeres, excluir lo que le pasa a los hombres puede ser injusto ¿o no? Hay que asumir que ellos también lloran y sufren, también cometen errores en las cosas del corazón, son fríos y calculadores, a veces; intensos y románticos en otras oportunidades, pero sobre todo…aman, y aman hasta el dolor más desgarrador.

Tengo claro que no sirve de consuelo para ninguna que esté pasando por una ruptura el saber que ellos lloran por amor, pero muchas han tenido un hermano que pasó por el rechazo de una “arpía” a la que quisimos matar por mala persona y también vimos a nuestros amigos ahogar las penas en alcohol y cometer actos de “figuración autodestructiva”, sin consuelo, y -seamos honestas- a muchas de nosotras nos ha pasado que alguien quiso olvidarnos con rabia después de que lo rechazáramos. 

A pesar de las tristezas del amor y de que a veces sufrimos, odiamos y hacemos por pena eso que sale en tantas canciones, como romper las fotos, quemar las cartas y lanzar por el segundo piso el CD que te recuerda a él, junto con las flores secas que en algún libro guardas (eso ya no se estila chicas) el motor común siempre fue y sigue siendo el amor, y mientras sigamos creyendo, no va a importan nunca cuánto esperemos por él o qué perfectas lleguemos a ser cuando aparezca, porque cuando está frente a ti y el corazón en vez de hacer “bum bum” te hace “cri…cri” entonces, siéntate y míralo de frente, porque se viene “weno”.

Yo ya entendí qué es lo que hace sufrir más a las mujeres cuando de rupturas se habla y es que esa sensación “exorcizante” de que uno está pasándolo mal y viviendo la etapa del “luto amoroso”, que es cuando una dice, “!No! se murió para mí” y de una manera que ni El Vaticano aceptaría al pasar los días, de pronto los resucitamos nuevamente como para darles una segunda o tercera oportunidad, y ellos vuelven a fallar con alguna cosita que por muy chica que sea lo que es fatal para nosotras ¿pero adivinen qué hacemos? lo volvemos a enterrar, y esta vez vivo! Claro que ellos no se dan por aludidos y lo pasan regio, tienen una facilidad digna de estudio científico de reconstruir sus vidas o demostrar lo bien que lo están pasando sin nosotras, mientras que en casa estamos releyendo sus mails y cartas, buscando entre líneas alguna señal que nos diga cómo es posible que se recupere tan rápido, y terminamos resolviendo que perdimos el tiempo, que dimos todo y que él no nos amaba!

No es tan así. La mayoría de los hombres a veces también sufre, y podríamos decir que el tiempo en que lo hacen, es directamente proporcional a lo que les tomó concretar algo serio con nosotras (una o dos semanas dependiendo la dificultad que pusimos).

Pero el tema no es quién sufre más o quién amó menos, lo que realmente vale es la posibilidad de recuperarse, cerrar los ciclos como corresponde, hablar, aclarar, recordar las cosas que nos hicieron felices, tanto a hombres como a mujeres y armarse de valor para que al pasar el tiempo (que ojalá sea tan corto como el que se toman ellos) nos atrevamos a empezar nuevamente, sin trancas y todas esas cosas que le soltamos -al primer copete- al pobre gallo nuevo que se nos acercó. No olvidar, no dar la lata con esto.

¿Qué pasa entonces? Después de hartos libros de autoayuda, cuestiones de Marte y de Venus, algunas cabronas, algo de espiritismo, un par de canciones y un estudio de mala muerte me dieron la respuesta al por qué las mujeres hoy en pleno 2012 son tan negadas al amor, mientras más profesionales y autosuficientes son, y que no es que le tengan miedo o no crean en el amor de verdad …Sólo es que ahora amamos diferente.

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