miércoles, 28 de septiembre de 2011

Acompañada

Por @carolita_rock
(editado)


En diciembre del 2012 pudo haber sido el fin del mundo. Podría haber empezado el temido Apocalipsis y un montón de terroríficos desastres naturales, pánico y lógicamente, la muerte y a nadie le gusta pasar estos momentos en soledad, aunque sea para apretarle el brazo a alguien o para que de un aletazo te dejes de gritar. Muchos incluso al pensar con quién pasar sus últimas horas ya no piensa en la familia, sino en algo un poco más...atrevido.

Siempre fui carne de perro y pasé varios momentos complicados de mi vida solita, porque "Yo shoy sholita" así le dije a un policía de seguridad ciudadana que un día me persiguió en auto para avisarme que tenía una rueda desinflada y al verme sola se ofreció a ayudarme, no lo olvido porque me miró serio y me dijo, esto es muy peligroso, como nadie le dijo nada...y yo le respondí con la mayor dulzura del mundo "Es que yo soy solita" toda una #foreveralone

Ahora que lo pienso fui bien alaraca porque soliiiiiita así solita soliiita no estaba, pero al menos no acompañada como yo quería para ese tipo de cosas, para que me cuiden, me hagan nanai, se preocupen del funcionamiento de mi auto, me rasquen la espalda, me digan "amoooor" y se rían de mi estornudo de gato, me mal acostumbré a aperrar para todo sola con la frente bien en alto como se tienen que hacer las cosas, y la verdad es que aunque todo sale bien y resulta igual y a veces hasta sale todo mejor, el estar con alguien al lado que "haga" como que cuida tus pasos o que te acompaña al doctor, le da inevitable e impajaritablemente un sabor más rico y más liviano de la vida, ya no te sientes ni te ves "sholita".

Sentirse protegida es una de las claves inconscientes que las "hembras" como animales digo, sienten como vital para fijarnos en un hombre y es normal, él es quien debe cuidarnos y salvar a nuestros pollos y cuando vemos o tenemos eso, inmediatamente sentimos algo tan rico que es poder ser frágiles, débiles, lloronas y hasta medio tontonas, al punto de llegar al "amor áaaabreme la botella que no puedo" cuando meses antes y bien solteras podíamos destapar una cerveza con los dientes. El mamonismo le llaman.

Cuando uno deja de estar "sholita" sientes que en los brazos de él te alivias, que no importa cuánto te exploten en el trabajo o cuán dura sea tu jornada, sólo piensas en llegar a abrazarlo, acurrucarte y babear, después de recuperada piensas en otras cosas. Atrás quedaron los happy hour de oficina con las amigas o los carretes solitarios desenfrenados, sólo quieres "regalonear" ¿tiene algo de malo? ya suficiente pasamos "sholitas".

¿Más claro aún? Yo amo amar, me encanta eso del empotamiento, el mamoneo y el romance, me encanta disfrutar los detalles y saltar de alegría para verlo y sufrir cuando se va, y amo todo eso porque dura poco, si tu relación va bien seguro estarán un par de años  juntos y ya dentro de ese proceso, llega un minuto en que ya no te levantas ni a abrirle la puerta y prefieres en algún munito que salga más con los amigos que contigo. Por eso yo con mi carácter rudo y mi corazón de alfajor disfruto el momento, disfruto a concho el mamonismo y le hago caso y porque amo al fin dejar de ser la ruda, sin alma y sin corazón que se solucionaba la vida sola.

Es rico este empotamiento del macho alfa, es genial sentir que "somos" y no "soy" y que funciono contenta o triste dependiendo de qué tan bien esté la relación. La ruda e independiente que habló tantas veces de hombres, ex y relaciones antes sigue aquí, la "sholita" puede aparecer en cualquier minuto y seguir haciendo su vida como hasta ahora, pero cuando encontramos a alguien que nos corresponde bien, guardamos a la fuerte  e invencible y sajamos salir a la regalona, no hay nada más rico que estar acompañada.

Admiro a las mujeres y me admiro a mi, tenemos esa capacidad de ser felices solas, de ser felices si alguien nos lo "está poniendo" y también somos felices si tenemos un amor fiel al lado. Sin duda somos una especie maravillosa y amo que tengamos la capacidad de no morir de amor, sino vivirlo a muerte.

Fue emocionante pensar que si hubiera sido el fin del mundo, no lo habría enfrentado sola, que asumí que soy mujer y que en más o menos medida me gusta lo mismo que a todas y que, sonreír al lado de quien amo es la sensación más reconfortante del planeta, aunque sea lo último que haga.